Hay aromas que anuncian una estación antes incluso de que cambie el calendario. Las primeras fresas de la primavera. Los higos maduros al final del verano. Las setas cuando llegan los primeros días de lluvia. O el perfume de las hierbas recién cortadas que acompaña tantas comidas al aire libre.
Quizá por eso algunos sabores permanecen tanto tiempo en nuestra memoria. No solo porque sean extraordinarios, sino porque aparecen durante un breve instante y desaparecen hasta la siguiente estación. En un mundo donde casi todo está disponible durante todo el año, la naturaleza sigue recordándonos que cada ingrediente tiene su momento. Y quizá ahí resida gran parte de su magia.
La naturaleza sigue marcando el ritmo
Cada estación ofrece unas condiciones diferentes de luz, temperatura y humedad. Ese equilibrio influye directamente en el crecimiento, el aroma, la textura y la maduración de los alimentos. La naturaleza nunca ha entendido de calendarios comerciales.
Cocinar empieza mucho antes de encender el fuego
Elegir un buen producto siempre ha sido el primer paso de cualquier cocina. Cuando un ingrediente se encuentra en su mejor momento necesita muy poco para expresar todo su potencial. La creatividad no está reñida con el respeto por el producto.
Esperar también forma parte del placer
Cuando un ingrediente solo aparece unas semanas aprendemos a valorarlo de otra manera. Lo esperamos, lo disfrutamos y sabemos que volverá. Las estaciones convierten la cocina en una experiencia cambiante.
Una cocina que evoluciona con el paisaje
Las mejores cocinas rara vez intentan imponer un ritmo a la naturaleza. Prefieren escucharla. Cada estación propone nuevos ingredientes, nuevos colores y nuevas
combinaciones.
Cierre
Las estaciones no solo cambian el paisaje. También cambian la forma en que recordamos los sabores.

